Domingo, 25 de Marzo de 2012
Retruécanos y Arabescos Literarios
No sé por qué, pero me gustan las
palabras rebuscadas. Por más técnicas, indecodificables y enredadas que puedan
leerse o escucharse de momento. Creo que agregar términos complejos a un texto
es una forma ideal de darle un aire a la comunicación (o asfixiarla, si el
individuo que los desconoce se siente cómodo en su condición ignorante y deja
de leer). Gracias a las palabras desconocidas se generan nuevas incógnitas, preguntas, encrucijadas, y, a su vez, nuevas búsquedas y reflexiones al respecto. Así esto
le genere un caos momentáneo al lector y la situación implique una pausa en
su proceso, esto dará paso a una investigación inmediata del término o de la expresión que no ha sido entendida y necesita definirse para poder avanzar con
una conceptualización clara del texto en cuestión.
En mi caso, cada vez que leo, procuro tener
un diccionario al pie, o la página web de la RAE abierta, por si acaso necesito
que dicha herramienta me ayude a descifrar alguno de esos retruécanos, que al
ser detectado, me pone como en alerta roja y urge de ser traducido al instante
y sin vacilaciones. Porque de no hacerlo, el resto del texto iría perdiendo
sentido. Y si avanzo con la curiosidad latente, sentiré que estoy haciendo una
lectura textual a medias, una tarea mediocre y superficial. La interpretación se haría difusa, y sería un acto muerto y estéril.
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