jueves, 6 de junio de 2013

Carta a Jaime Garzón (1960-1999)



Medellín, Marzo 7 de 2013




Sr. Jaime Garzón:




Saludos,


Me pregunto cómo empezar esta misiva teniendo en cuenta su lamentable muerte, hace ya 14 años. Aunque considerarlo así resulte quizá incoherente y contradictorio, cuando para muchos sigue tan vivo en los recuerdos. ¿Cómo dirigirme a su esencia etérea, polifacético señor de la risa? Por lo pronto, no caeré en más divagaciones y aprovecharé las líneas que tenga disponibles.

Yo era apenas un niño cuando lo asesinaron, pero recuerdo cómo se reían mis abuelos y mi mamá con sus ocurrencias cuando veían “Quac! El Informativo”. Aquel espacio de humor cáustico y sátira política inteligente producto de una investigación periodística rigurosa y de un talento escenográfico y discursivo puesto al servicio de todo un país. Una admirable labor, sin duda, dando por sentado que abrirle los ojos a los colombianos debe ser una tarea bastante difícil. Pero ahora que he crecido y tengo la capacidad de entender varias de sus parodias, entrevistas y conferencias, comprendo la misión de profunda transformación que había emprendido contracorriente.


Solo tengo claro que al escribirle mi propósito es uno y radica en expresarle cuánta falta hace un personaje como usted actualmente para traducir las difíciles realidades que padecemos, cuando los noticieros hablan en códigos complejos, técnicos y elitistas de lo que nos afecta a todos, y nuestra sociedad (en gran parte analfabeta e iletrada) urge de alguien que disperse las cortinas de humo y nos hable en el lenguaje universal del humor. Ese vehículo que nos puede transportar a los confines de nuestro inconsciente colectivo para hacernos reflexionar sobre nuestra falta de memoria y conscientizarnos de la cultura en la que sobrevivimos legitimando el delito y la corrupción, procurando el facilismo y la comodidad que tanto usted criticaba, relegando la noción solidaria de comunidad, padeciendo el olvido que reinventamos a diario ingeniosamente deshumanizándonos cada vez más.

No se imaginaría las dimensiones del legado y la admiración que ha suscitado en estudiantes universitarios de las facultades de ciencias sociales y humanas, más la poca gente privilegiada que hay en nuestro país, no por su poder adquisitivo, sino por su  ética humanista, por su voluntad de consciencia social y de pensamiento crítico. Su imagen y su risa disparatada se han convertido en la bandera de jóvenes que grafitean las paredes con stencils de su rostro y frases suyas que avivan el fuego de la utopía, ya sea en marchas contestatarias o en los actos más simples de su quehacer diario en pro de lo social, cuando la represión intenta extinguir los ideales románticos, las pasiones y los deseos de cambio más incendiarios que se expresan en el avance de los cuerpos palpitantes impulsados por arengas revolucionarias. Se ha convertido usted en un símbolo de esperanza y lucidez frente a las duras adversidades e injusticias que padecemos los colombianos.

Sus predicciones y su capacidad de dilucidar el panorama político con la mística de un clarividente, poniendo al descubierto las artimañas de la corrupción, serían herramientas fundamentales para desarmar el aparato de poder pseudomoralista que nos rige actualmente. Así como para tratar temas coyunturales y ponerlos al alcance, incluso, de los menos letrados. Hace falta su vocación para analizar el abanico de problemáticas políticas, económicas y socioculturales del país, así para muchos resulte parecer un esfuerzo estéril para generar cambios reales. 

Todo pronóstico suyo resultó ser cierto: Don Álvaro Uribe Vélez resultó presidente de Colombia. Toda salida pacífica al conflicto fue descartada durante su gobierno y fue quien dejó permear por completo nuestra política del modelo neoliberal, agravando la crisis agraria, acabando por completo con el concepto de soberanía, permitiendo la intrusión de los EE.UU. y de otras potencias para promover sus políticas de “confianza inversionista” donde la venta del suelo para fortalecer el capital extranjero y una megainversión en armamentismo para que la fuerza pública blinde la propiedad privada con la ayuda de bases militares norteamericanas, son la clave para el "desarrollo". Tenía razón cuando aseguraba que "ese tipo es peligrosísimo", pues no solo fortaleció el aparato violento con la creación de las famosas Cooperativas Convivir en los 80's, sino que alimentó este monstruo de tal manera que las prácticas inhumanas y cruentas del paramilitarismo y su secuela, las ahora llamadas BACRIM, aún permanecen vigentes en nuestro contexto, dejando más de 30.000 muertos desde finales de los 90’s. Probablemente usted, o el hecho de su asesinato, se reduzca a una simple unidad dentro de semejante cifra. Necesitábamos de alguien dispuesto a desmantelar los sofismas y cinismos de aquel ex mandatario tan carente de autoridad moral para hablar de conceptos fundamentales como: derechos humanos, estado social de derecho y democracia. Aunque para hablar de terrorismo él siempre fue el más indicado.

Tal vez con este encomio haga evidente esa postura tan propia de los latinoamericanos, abogando a un caudillismo (en este caso, intelectual) en el que necesitamos de un personaje que sirva como filtro y condense el bombardeo informativo que no sabemos asimilar ni manejar para construir conocimiento y modificar nuestras conductas positivamente. Porque estamos permeados por una cultura que idolatra a figuras públicas, ya sean del mundo de la farándula, astros del deporte o pseudocaudillos de casta política que no resultan ser más que fríos tecnócratas, y la hiperinformación nos ha aturdido de manera tal que no sabemos qué hacer con tantos datos y propaganda política pagada. Espero que disculpe mi mediocridad al sugerir que este país necesita de alguien como usted, pues los colombianos deberíamos valernos de nuestra propia curiosidad e iniciativa como ciudadanos para investigar sobre lo que nos afecta a todos, pues los medios están disponibles. Pero, lamentablemente, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Concluyo esta carta agradeciéndole su capacidad para sembrar una semilla de reflexión en cada colombiano que se dispuso a aprender y a divertirse con su programa, diseminando pensamiento crítico a través de sus ideas y con su grandilocuente humor, a la par que hacía reír a la gente en medio de la transmisión. De igual manera, esa semilla ha dado frutos satisfactorios, pues cada vez son más los críticos con noción de responsabilidad social que piensan la realidad de su país y generan contenidos con un enfoque similar al suyo, en pro de una transformación y un cambio significativo en materia socio-cultural que nos permita conocer al fin una Colombia realmente progresista y con cultura política, aunque en los medios oficialistas pretendan recortar estos espacios generadores de opinión pública. Gracias también por compartirnos la traducción que hicieron los indígenas sobre el Artículo 11 de nuestra constitución y enseñarlo en cada una de sus conferencias y charlas. El artículo decía: “nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense o diga diferente”. Estoy de acuerdo con usted al afirmar que si todos lo aplicáramos, este país sería mínimamente más agradable, o, siendo optimistas, hasta lo salvaríamos. Probablemente ese solo artículo hubiera evitado su muerte. 


¡Jaime Garzón Forero Vive!